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CEMENTERIO DE POBLENOU

El Cementerio de Poblenou, también conocido como Cementerio General de Barcelona o Cementerio Viejo, fue el primer cementerio que se construyó en la ciudad de Barcelona y se pensó como solución a los problemas de insalubridad ocasionados a los ya muchos habitantes de la ciudad amurallada. Se emplazó alejado de la ciudad, adelantándose así a la primera legislación española que ordenaba el entierro fuera del núcleo urbano. Fue inaugurado el año 1775, destruido por las tropas napoleónicas, como el de Valencia y muchos otros, y vuelto a inaugurar en 1819. En 1821 fue utilizado en su totalidad de forma inesperada, debido a una terrible epidemia de cólera que ocasionó miles de muertos, en la que perdieron la vida muchos médicos que intentaban salvar vidas, y el mismo cementerio tiene un cenotafio de homenaje. Sufrió muchos altibajos a lo largo de su historia, primero por la adaptación cultural que suponía no ser enterrado junto a sus iglesias, sólo eran enterrados allí los pobres y los que morían en hospitales, otra queja. Y corrían además todo tipo de bulos sobre robos de joyas. Debido a la distancia, se crearon nuevos oficios como el que facilitaba el transporte de los enterrados. Para los burgueses, el diseño en la reconstrucción de 1813 del italiano Antonio Ginesi con su estructura de nichos igualitarios, no satisfacía sus necesidades de ostentación, de poder y de prestigio, y por eso la inauguración del sector de panteones a mediados del xix.

Ya en 1883, año en que se inauguró el cementerio de Montjuïc, el cementerio de Poblenou pasó a un segundo plano, y casi cayó en el abandono. Primero los gustos neoclásicos de la época, y ya en 1849 con la inauguración de la nueva zona de panteones, se llenó con numerosas obras arquitectónicas y artísticas este cementerio. Resulta muy estremecedora para el visitante la escultura del beso de la muerte, de 1930, que nos parece tal cual una escena sacada de una película. En 2001 se crea la ruta de cementerios de Barcelona que pretendía mostrar y cuidar este patrimonio, y a la sazón sería la ruta precursora y promotora de la Ruta Europea de los Cementerios. Una ruta cultural que se nos antoja, no sólo de arte y de historia, pues la vemos llena de vida y de luz para entender la nuestra propia un poco mejor. La nueva ruta cultural europea merece, con creces, convertirse en uno de nuestros destinos de enriquecimiento personal.