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CEMENTERIO GENERAL DE VALENCIA

El cementerio de Valencia es otro gran libro de historia de la ciudad. Hablamos de más de 200 años de testimonio, no tiene nada que envidiar a los más visitados camposantos europeos. El proyecto, ideado por el arquitecto Cristóbal de Sales, comenzó en 1805. Fue inaugurado sólo dos años después. Su diseño se inspiró en la necrópolis francesa de Père-Lachaise, uno de los grandes cementerios construidos en la época, y en el cual se basó la construcción de numerosos camposantos europeos. Tras la Real Orden de 3 de abril de 1787 en la que el gobierno de Carlos III prohibía los enterramientos en las iglesias, se crearon comisiones especiales en las ciudades para acometer dicho mandato. Las obras fueron financiadas, como en otros lugares, con la venta de los terrenos de los antiguos cementerios parroquiales. Hasta mediados del siglo xix los burgueses no comenzarían a interesarse por construir panteones, ostentación de su poder económico y clase social.

En la década de 1830-40 el Cementerio General debía tener una imagen cercana al parque-jardín como tenía el ejemplo francés de Père-Lachaise; tal era el volumen de vegetación que llegó a denominarse Hort de les Palmes, por la gran cantidad de palmeras que ocupaban el recinto hasta que, con la llegada de los panteones y mausoleos burgueses, se sacrificara la naturaleza en favor del arte. En el Cementerio General de Valencia se puede hallar una gran colección de estilos artísticos como el neoegipcio, el modernismo, el neogótico o el neogriego, todos ellos plasmados en impresionantes esculturas y diseños que mandaron construir los burgueses valencianos. Aquí yace el escritor Vicente Blasco Ibáñez, y la multiculturalidad se refleja en la sección musulmana, a la que el cementerio ha dedicado casi 700 hectáreas. Además de Blasco Ibáñez, el Cementerio General de Valencia es con sus dos siglos de historia, el lugar en el que reposan los restos de ilustres personajes como el cantante Nino Bravo, el pintor Joaquín Sorolla...

Algunos le llaman Necroturismo, pero realmente nos parece que no es demasiado justo el término, con la cantidad de enseñanzas de vida que emanan de un lugar como éste, en cambio nos parece sumamente acertado el término de "El Museo del Silencio"con el que el Ayuntamiento de Valencia denominó las visitas guiadas al cementerio.