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FÉLIX ESTESO

Felix Esteso
Félix Esteso
Tumbas de poetas y pensadores. Cees NooteboomEn NAT hablamos de homenaje, de recuerdo permanente en esa lápida. Y Félix nos afirma y comenta que, en efecto, se busca lo mejor para recordarlo y si no es así, nos lo inventamos. También es cierto que con el olvido y los años, al final muchos cementerios se abandonan y en algún momento pasan a ser urbanizados o se convierten en parque infantil.

Tumbas de Poetas y Pensadores de Ediciones Siruela, es un libro con el que el autor, Cees Nooteboom, nos lleva a recorrer un bellísimo camino por la literatura para, visitando sus tumbas, poder verificar su inmortalidad y la de sus poesías y pensamientos.

Entrevistamos a Félix Esteso, profesor de Lengua y Literatura en Valencia, que comparte con el autor la afición por la escritura, la literatura y los cementerios, y que nos ayuda a ver estos lugares y a la muerte, con una mirada menos oscura y más vital, ayudado por su pasión por la vida, la poesía, y el recuerdo de su padre.

Félix se inició con la afición a la fotografía de cementerios y fue luego, cuando conoció este libro ¿Qué razones te llevaron a fotografiar en estos espacios?

Las razones de por qué empecé a hacer fotografías a los cementerios… pues no están muy claras, pero posiblemente fue por el recogimiento, el silencio, por cómo se filtra la luz en estos lugares tan mágicos; es algo que no puedes fotografiar fuera de ese entorno, las ciudades tienen ruido, cambios de luces constantes y no te permiten pensar, los cementerios, sin embargo, son como pequeñas islas dentro del mundo en que vivimos, el aislamiento no es sólo para los que están dentro de forma permanente, sino para los que entramos por múltiples razones, hay gente que simplemente accede al camposanto para recordar a sus seres queridos, en otras culturas lo hacen para disfrutar de ese entorno fantástico, son realmente los verdaderos parques donde se acude para disfrutar de la tranquilidad. En Inglaterra por ejemplo es fácil ver cómo la gente atraviesa un cementerio para coger el autobús porque le viene mucho mejor que dar la vuelta a dos manzanas, y los cementerios están abiertos, no tienen puertas, no tienen vallas: ¿se puede poner puertas al recuerdo? Es curioso que en Europa los cementerios invitan a pasear e incluso a fotografiar dentro del cementerio, algo que aquí, en España, parece imposible. Es un sentimiento de paz pero a la vez de respeto ¿quizá porque te enfrentas a la mayor verdad, frente a frente, la verdad de nuestra mortalidad?

Memoria de arte en piedra

Yo estoy convencido de que aunque tú seas la misma persona, no se percibe igual. Tus sentidos no captan igual en un cementerio que fuera de un cementerio.

La muerte, bueno, evidentemente, el tiempo pasa y si no, tiempo al tiempo, pero también los cementerios tienen algo que en definitiva todos perseguimos, el ser humano persigue la inmortalidad, en cierta medida, y nada más obvio que tu nombre grabado en una lápida, eso es inmortal. Una inmortalidad para unos pocos, pero has conseguido la inmortalidad y mientras sigan visitándote, tú sigues vivo.

La historia está en el recuerdo, ser inmortal no es hacer grandes hazañas y que los libros de historia te recuerden de forma permanente, no, ser inmortal es simplemente que alguien se acuerde de ti.

Yo conozco dos casos que van en esa línea. Uno es el antiguo cementerio del pueblo de mis padres que se ha convertido en el parque del centro del pueblo, actualmente, y ahora está lleno de juventud y de vida, es el lugar donde se reúne el futuro del pueblo, que es lo que debe ser. Pero han sacado las tumbas a casi dos kilómetros, que es lo lamentable, como si fuera algo malo, la muerte no es mala, es inevitable.

El segundo caso que recuerdo, es el cementerio de Alaquàs, ahora es un colegio infantil provisional. Es curioso como la muerte ha sido cambiada por el inicio de la vida. Eso demuestra el círculo de la vida, un círculo fantástico y mágico, porque la vida es circular, no es lineal; muchas veces el pasado explica el presente, pero hay veces que lo que es el futuro, que es el presente de ahora, también puede explicar el pasado, es la magia del tiempo.

La muerte no debe ser un drama, y muchas culturas lo llevan mejor. Y ¿qué nos cuentas de este escritor? ¿lo conociste antes por otros libros o aterrizaste por un casual en éste?

Es un escritor holandés y se hizo sobre todo muy famoso con la novela, pero es un todo terreno: poesía, libros de viajes, teatro... Fui a este libro porque había leído una obra previa suya Rituales (por cierto, una obra donde se plantea otras maneras de enfrentarse a la existencia y a la muerte)y me causó una sorpresa, porque yo lo tenía como novelista, no como ensayista. La poesía es una de esas ciencias que te permiten descubrir la verdad oculta, muchas veces, y cuando vi que había escrito un ensayo sobre poetas y pensadores, lo primero que hice fue coger el libro y abrirlo, y vi una coincidencia con mis aficiones. Aunque yo no puedo permitirme uno o dos años sabáticos, para fotografiar y viajar por todo el mundo por pasión. No es un libro superventas, yo creo que en él solo han intervenido la pasión y la emoción. Y creo que ha conseguido transmitir ambas.

¿Tu vas a fotografiar solo? ¿puede que en algunos cementerios y en determinadas horas, pueda ser un lugar que asuste? Voy solo, pero también es verdad que voy a plena luz del día, no me había propuesto hacer una visión nocturna, me interesaba la luz, bastante oscura es la muerte, como para fotografiarla de noche, negro sobre negro, tampoco lleva a ningún sitio. La idea de ir a un cementerio no me la planteo como algo negativo, cuando alguna vez voy al cementerio a visitar a mi padre, que falleció hace ya bastantes años, no lo percibo como algo desagradable. Mi padre de hecho sigue vivo en mis sueños y cuando tengo un problema que resolver aparece ese pequeño filósofo, a su manera, que era mi padre, y que tenía esas frases sentenciosas del pueblo, que son las que funcionan siempre.

¿No has llevado al papel fotografías y textos, como Cees Nooteboom?

No, sólo he satisfecho mi curiosidad, no es una obsesión. Para mi lo más importante, lo que me gusta realmente, es la escritura, y de hecho me dedico a la enseñanza no solamente de Lengua y Literatura, sino a intentar que mis alumnos escriban, porque enseñar lengua y literatura, si no es desde el uso y el abuso, no sirve de nada. Es decir, mis alumnos se sorprenden mucho cuando en vez de analizar un poema, les pido que me hagan un poema. Claro, después de haber leído veinticuatro poemas les digo vamos a plagiarlo, a copiarlo o a ver qué sale; pues la única manera de aprender literatura es hacerla. Sobre todo la poesía, yo entiendo que la primera de todas las literaturas es la poesía. La poesía es la que da paso a todo. Además la poesía no tiene que ser necesariamente de masas, escribir novela para uno mismo, no tiene sentido, pero una poesía para ti mismo, sí. La poesía te permite tratar todos los temas y que ninguno sea vacuo. Lo morboso puede tener sentido también en poesía. Por ejemplo la muerte puede ser bella en poesía. Que se lo pregunten a Charles Baudelaire cuando escribió Las Flores del Mal, recomiendo especialmente la lectura de Una Carroña.

Yo leo bastante, pero al ser prensa diaria, artículos y ensayos de actualidad, yo leo a vivos, sin embargo tú dices que das clase sobre muertos básicamente.

Felix Esteso

Cierto, yo normalmente trabajo con gente muerta, la literatura clásica. Parece ser en este país, que si no estás muerto no puedes ser un clásico, entonces, claro, mi visión de los muertos a lo mejor es distinta. La gente habla de los vivos normalmente, yo hablo de los muertos. Para mi, es gente que está viva. Yo hablo de Cervantes. de Lope, de Neruda; y hablas de ellos año tras año. Y al final es gente viva porque los recuerdas permanentemente. En algunas culturas africanas, que no tienen gramática escrita, su historia, su tradición literaria se va narrando de padres a hijos, y éstos a su vez la cuentan de nuevo… Esa tradición es tan fuerte quizás porque no la pueden llevar al papel, y el recuerdo es constante. Ya se sabe que el papel, a veces se convierte en papel mojado.

Este texto si tuvieras que recomendarlo, que podrías decirle a un joven de ahora que tiene la muerte tan lejos en su horizonte.

Este texto podría ser para los jóvenes de ahora una fricada. Eso de hacer una ruta por los cementerios buscando tumbas de gente que ha muerto… pero en cierta medida es algo excepcional e interesante pensar en cuáles fueron las últimas palabras de estos pensadores en vida, en encontrar la verdad de cada uno. En cierta manera, la última palabra es la que cuenta, y a lo mejor es una manera de entender tu propia vida, de hacerte reflexionar cuáles son las preguntas que verdaderamente interesan para saber hacia dónde uno va...

¿En definitiva?

En definitiva, es de lo que se trata, la vida no es estar en un sitio y ya está, la vida es saber que hace uno con ella, para que se está, vivir, es lo que te había comentado antes, hay muchas formas de vivir, pero solo hay una de morir.

Bueno, y una vez estás muerto ¿qué querría uno? ¿que le pusieran una gran lápida, que te incineren y punto, que esparzan las cenizas? Lo cierto es que yo mismo ahora entrevistando para Nat me planteo lo importante del homenaje y de saber que frase dejo escrita como mi última palabra o mi epitafio.

Desde el planteamiento de poder decidir en vida cual van a ser tus últimas palabras, eso es interesante, el problema es que te pille la muerte sin tenerlo previsto, aunque si no estás solo, seguro que hay alguien que sabría cuál hubiera sido la frase que tu hubieras aprobado.

Y bueno para acabar la entrevista una frase lapidaria

Aprovechando, unos versos de Calderón de la Barca:
“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? una ilusión.
Una sombra, una ficción;
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”

Y apostillamos nosotros, que si no fue un frenesí no fue vida.